viernes, 14 de junio de 2013

Pueden llamarme romántica

Leo en el sitio de la BBC que en varias tiendas de Estados Unidos y distintos países de Europa ya se ven probadores virtuales. Los llaman los 'probadores del futuro' y prometen que gracias a ellos, encontraremos la 'ropa ideal'.

Se trata de artefactos que escanean las medidas de nuestros cuerpos. Este 'alter-ego' virtual se sube a la web y estará siempre disponible para cuando lo necesitemos. Como cuando queremos comprar ropa por internet o, como dice el artículo, cuando queremos evitar probarnos las miles de prendas disponibles en una tienda.

Como en muchas otros casos, pienso que el avance de la tecnología a veces no ofrece mejores versiones de lo ya conocido. Me pasa con los e-books: desde que se lanzaron al mercado que sostengo que nunca funcionarán. ¿Qué lector de raza cambiaría un libro de papel -su olor, las ilustraciones, la textura del papel, sus tapas duras- por una artefacto delgado y con pantalla digital? No sé, quizá sea una romántica, o quizá simplemente me gusten las cosas hechas a la antigua.

A mi parecer, este 'probador del futuro' correrá la misma suerte que el e-book. Si bien debo reconocer que es útil para aquellas personas que gustan de comprar online (yo no soy una de ellas), la verdad es que si te gusta comprar ropa, te gusta probártela también. 

No basta con saber cuál es tu talle o el color que mejor te sienta. El acto de salir de compras es un todo que se debe disfrutar como en los viejos tiempos: sabiendo tu presupuesto, con horas libres, un día fresco, cabeza fría y con ganas de probarse las prendas que en nuestra cabeza se ven maravillosas. Al menos es lo que intento hacer.

Cuando entro a un probador, me desvisto rápido, ansiosa por verme en las prendas que elegí. Una vez que tengo puesta mi potencial nueva ropa, me miro de todos lados, pienso en qué situación lo/la usaría, analizo su funcionalidad. Pero ninguna de estas cosas le gana a la sensación que me produce esa prenda. Si me hace sentir maravillosa o especial por algún motivo, no hay dudas: tiene que ser mía. Si el bolsillo me lo permite, claro está.

Pueden llamarme romántica, anticuada o analfabeta tecnológica, pero nunca cambiaré un libro por una pantalla y mucho menos me perderé de la maravillosa experiencia de probarme ropa. ¿Probador virtual? No, gracias. 






1 comentario:

  1. Ay ay como concuerdo, nada como salir de shopping, entrar y salir de locales, olvidarte del almuerzo y hasta de la cena...
    Pocos placeres se le comparan...

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