lunes, 24 de junio de 2013

Sobre la elegancia

"La elegancia es eliminación", reflexionó en algún momento de su vida el diseñador español Cristóbal Balenciaga. Pocas veces me pasa que concuerdo con un pensamiento ajeno, siempre le encuentro puntos débiles a las conclusiones que no son mías, pero este no fue el caso con Balenciaga.

La elegancia es eliminación, sí. Eliminación de lo que sobra, de lo que es demasiado, de lo que no será extrañado si no está. Aquello que está de más siempre estorba, molesta. En estos tiempos en los que llamar la atención parece ser la premisa, no es extraño que la elegancia sea difícil de encontrar. 

Buscando en la base de datos más extensa que existe, la web, encontré que la palabra elegancia proviene del latín 'legere', que significa reunir. Al agregarle el prefijo, la palabra se transforma en 'elegere', cuyo sentido es saber elegir. Asi que la persona elegante es aquella que sabe elegir. Nada menos. 

Ser elegante no se limita a estar bien vestido, sino que su significado encierra un conjunto de características: la elegancia se demuestra en el modo de hablar, de expresarse, de moverse, de comportarse. Claro que si uno quisiera actuar esta cualidad, el resultado no será el esperado.

Hay algo de verdad en eso de que la elegancia es innata, creo que era Diana Vreeland quien decía algo al respecto. Otra vez me encuentro asintiendo frente a una frase ajena. Bueno, al menos concuerdo con Vreeland y no con un cuatro de copas. Me voy de tema, perdón, vuelvo. 

A lo largo de la historia del cine, varias mujeres encarnaron a la perfección el término elegancia. Las clásicas: Audrey Hepburn, Marlene Dietrich, Grace Kelly. Y las de ahora, desde mi punto de vista: Cate Blanchett, Natalie Portman, Emma Stone. Lamentablemente, no se me vienen nombres nacionales a la mente. Quizá Karina Rabolini, Dolores Fonzi o Teresa Calandra. Pero no estoy del todo convencida. 

Ellas, las mujeres elegantes, son mujeres que demuestran un 'saber estar' no forzado, saben elegir, entienden el poder que tiene la síntesis. La elegancia no tiene que ver con la belleza, para nada. Es algo que está relacionado con un modo de vivir, de ser, pero nunca un rostro anatómicamente perfecto significará que esa mujer es elegante. 

Está claro que las recetas no existen, pero si así fuera, sería algo parecido a lo siguiente: no a los accesorios innecesarios, no a los peinados exagerados, no al maquillaje pesado y un gran no a ponerse todas las tendencias juntas. 

Volvamos a los clásicos: el vestido negro, las perlas, el labial rojo. Como dice mi viejo: "Nunca una mujer estará mejor vestida que con una camisa blanca y un buen jean". Y sí, una vez más, estoy de acuerdo con una frase ajena. 

Foto de Lillian Bassman



 

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