sábado, 3 de agosto de 2013

La influencia de las ex novias

Sábado, 13 horas. Después de desayunar en la cama y hacer fiaca, me levanto, prendo la computadora y entro a Facebook, como hago siempre. Veo que Maricruz Luzar comparte una nota que salió en La Nación: el artículo habla de la tendencia (ninguna novedad en mi opinión) de los pantalones masculinos de colores. La foto que ilustra la nota muestra a cuatro hombres posando relajados con jeans que escapan de la paleta tradicional.

"Qué parecido a mi ex, Esteban", pienso de uno de los chicos. La forma de sus piernas, la posición en la que está parado. Entro a la nota y exploté de la risa: allí estaba él sonriendo con sus pantalones verdes y una camisa de jean que se compró siguiendo mi consejo. Y esos borcegos, olvidados en su placard, fueron rescatados también por mi insistencia. 

No salgo de mi asombro. Comienzo a leer la nota apurada, me salteo oraciones enteras, quiero enterarme ya qué es lo que dice. "Las razones para ponérselos (a los pantalones coloridos) varían según cada uno. Para Esteban Domené fue influencia de una ex novia (hello!) y gusto propio, que derivó en esas primeras bermudas coloradas (rojas, por dios) que compró en Nueva York", dice la nota escrita por Fernando Massa. 

Me pongo a pensar en la influencia que una tiene en el modo de vestir de sus parejas. Es una influencia no premeditada que inevitablemente sucede, al menos en mi caso. Puede perdurar, como en este caso, o ser pasajera. Aún recuerdo cuando trataba de convencerlo de que se animara a usar unas bermudas verdes. Se animó, como también lo hizo a los chupines - de colores ahora veo - y a los accesorios (pañuelos, pulseras de cuero).

Algunas personas que pasan por nuestras vidas dejan huellas, otras son viajeros que no nos modifican en nada. Para una chica a la que le gusta la moda, opinar sobre el estilo ajeno y tratar de pulirlo es algo que sale naturalmente. El cambio es paulatino pero sostenido, y a veces el otro hasta descubre que estuvo equivocado todos los años anteriores. De repente se siente más cómodo consigo mismo cuando los cambios suceden y ese es el momento en el que te das cuenta que no estabas equivocada. 

Aunque la relación haya terminado en malos términos - estoy convencida de que me odia -, me alegra saber que en algo lo ayudé. Su pareja actual debe estar disfrutando de los cambios. 




Los hombres argentinos son muy tradicionales para vestirse, por eso no me extraña que se sorprendan de aquellos que osan ir contra lo establecido y se animan a los chupines de colores. Los comentarios de la nota de La Nación son de una ignorancia que asusta: juzgan la sexualidad de los entrevistados por su elección de vestuario.








  



miércoles, 31 de julio de 2013

Más que palabras

"Esta es una cultura que crea espectadores más que lectores. No creo que la imagen y la palabra sean la misma cosa, no creo que tengan la misma función. La imagen entretiene mucho, es a veces más intensa que la palabra, pero muchísimo más efímera y no estimula el esfuerzo intelectual. (...) La pura imagen afecta muy intensamente a la emotividad, los sentimientos, los instintos, pero no la razón, tiende más bien a embotarla. Como espectador recibes algo, como lector tienes que actuar, salir al frente de lo que lees para transformarlo en razones, en ideas, en sentimientos o emociones".

Estas palabras pertenecen al escritor peruano Mario Vargas Llosa (Revista Ñ) y estoy totalmente de acuerdo con lo que significan. Sí, estamos bombardeados por imágenes todo el tiempo: en la televisión, revistas, páginas web. Sí, cada vez se lee menos. 

Por eso, cuando Quintaesencia nace, pensé que debía ser un blog de escritura. Son pocos los blogs de moda que ofrecen el desarrollo de una idea en cada post, y eso es lo que intento hacer: pensar la moda desde las palabras sin depender de las imágenes. Además, como bien dice Vargas Llosa, el acto de la lectura es activo: ustedes participan activamente porque tienen que transformar mis palabras en ideas o sentimientos. Pueden estar de acuerdo con lo que digo o no, pero es necesaria su participación. Me gusta ese ida y vuelta.  

Que no se me malinterprete: no estoy menospreciando a la imagen.  Sin lugar a dudas, las imágenes son parte fundamental del mundo de la moda, pero personalmente, las palabras me reciben mejor, me hacen sentir más cómoda. Reconozco que hay sensaciones que sólo una buena imagen puede generar. "La imagen afecta muy intensamente a la emotividad, los sentimientos", dice Vargas Llosa. Me gusta esa idea: por diferentes razones, existen imágenes indelebles en la memoria de cada uno. 

Decidí que una vez por semana postearé fotos que me representen de alguna manera o me hagan sentir algo. Acompañaré cada imagen con una explicación para que sepan el por qué detrás de las elecciones. Le doy la bienvenida a las imágenes. 




Las flores son el regalo ideal en cualquier momento del año. Me hacen sentir querida, feliz. 
Exaltan mi feminidad. 

Audrey Hepburn fotografiada por Cecil Beaton en 1964. No puedo dejar de desear ese cuello: para olerlo, para tenerlo. Siempre pienso que Audrey debería oler a rosas.


El estilo no tiene edad. Siempre me pregunto cómo me veré cuando sea viejita. Ojalá sea algo parecido a esto. La quiero abrazar fuerte y acompañarla a hacer las compras. 


Un libro cuyo reflejo forma una boca. Linda metáfora: los libros nos besan, nos empalagan e inevitablemente, terminan. 









lunes, 29 de julio de 2013

¿Para quién nos vestimos las mujeres?

Cuando todas las mañanas elegimos lo que usaremos a lo largo del día, ¿tenemos a alguien en mente, alguien a quien queramos impresionar o, al menos, gustar? Yo diría que sí. Se me complica especificar a quién queremos gustar, probablemente a la mayoría de las personas, pero no sé si a alguien en particular.

La ropa es como un escudo que proyecta una imagen de nosotras. A veces esa imagen dice "chica cool, relajada", otras "joven profesional capacitada" y también puede gritar "hoy quiero guerra". Dependiendo del día, de nuestras actividades, elegiremos el escudo que mejor se adapte a la situación.  

Obviamente, no soy la primera que se cuestiona sobre este punto: todas las preguntas ya están hechas, hasta las más tontas. Investigando en la web encontré un artículo en el que se agrupaban las opiniones de entendidos de la moda sobre esta inquietud.

Carine Roitfeld aseguró que ella se vestía para ella ("Cuando te sentís bien con vos misma, te sentís bien con todos"). El fotógrafo Nigel Barker estuvo de acuerdo con la visión de la editora de Vogue Francia, pero Agatha Ruiz de la Prada dijo que en España, las mujeres se visten para los hombres. La diseñadora cubana Isabel Toledo, por su parte, expresó que ella se viste para sí misma, pero que también busca la reacción de su marido, más no su aprobación. La única que considera que las mujeres se visten para otras mujeres es Anne Hathaway, que aseguró que nos vestimos para gustar a nuestras amigas fashionistas. 

Si esa pregunta me la hubiesen hecho a mí, de repente, sin tiempo para meditar, hubiese contestado que me visto para mí. Es la típica respuesta de una mujer independiente y autosuficiente. Pero si lo pienso, es mentira. Y no tanto. Las incoherencias son parte fundamental de la coherencia de una persona. 

Cuando trabajo desde casa y sé que estoy protegida de las miradas ajenas, elijo mi ropa de entrecasa. Todas tenemos uno: el mío consta de zapatillas de correr, pantalón holgado de gimnasia y un sweater rosa tejido por mi madre. Estéticamente es un horror, pero como cuento con el poder de la invisibilidad, me siento cómoda. Así que no, no me visto para mí. O al menos no exclusivamente. Si así fuese, estaría de tacos y vestido vaporoso haciéndome mates en mi casa. 

Supongo que diferentes mujeres se visten para diferentes personas. Estará aquella que quiere volver locos a los hombres y se ajusta de pies a cabeza, también estará la que se tira todas las tendencias juntas para que las 'entendidas' le presten atención y seguramente exista la mujer que se viste sólo y exclusivamente para sí misma. 

Yo no sé para quién me visto, o mejor dicho, estoy convencida que no siempre es para una misma persona. Si salgo a cenar con mi novio, me vestiré para él. Si voy a trabajar o a una reunión laboral, me vestiré para proyectar una imagen profesional. Si voy a un desfile de algún diseñador, me vestiré para todas esas personas que sé estarán allí, mirando. 

Lo importante, creo, es poder ver reflejada en la otra persona la imagen que intentamos proyectar. Y que te sientas cómoda, claro. 

¿Qué ves cuando me ves?














 

miércoles, 24 de julio de 2013

"Estoy mirando, gracias".

Qué tema el de las chicas que atienden en los locales de ropa. Si entramos y no nos miran siquiera, un revoleo de ojos al menos, nos ofendemos. ¿Cómo puede ser que no nos den la bienvenida? Un 'hola, qué tal' bastaría. Si nos atosigan con la típica y trillada pregunta: ¿Te ayudo?, también nos molesta. Qué dilema.

Personalmente, prefiero siempre que me den la bienvenida y que me dejen tranquila. ¿Falta aclarar que si entro a una tienda es porque quiero ver lo que ofrece? Porque necesitar, lo que se dice necesitar (según la RAE, aquello a lo cual es imposible sustraerse/ carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida), no me pasa. Tengo suficiente ropa como para vestir a un regimiento de chicas huérfanas.  

Como ya dije en un post anterior, el acto de ir a comprar ropa es una actividad que para ser disfrutada, debe cumplir ciertos requisitos. Uno de ellos es, para mí, que las chicas que atienden no sean invasivas. Que nos miren, que estén atentas por si nosotras decidimos indagar sobre los talles, los colores, las estampas, pero nada más que eso.

Ay, cuando te quieren convencer de que te lleves ese sweater con estampa de bulldog francés porque 'se lo llevan todas'. Si supieran que es lo peor que nos pueden decir. Inmediatamente, esa prenda volverá al perchero, ¿para qué quiero algo que lo tiene todo el mundo?

Algo muy diferente sucede cuando salimos de compras con una prenda en mente. Si, por ejemplo, estamos buscando vestidos de invierno y sólo eso, ahí sí, la ayuda de las chicasqueatienden (¿hay otra manera de llamarlas?) es importante porque nos ahorra tiempo. 

Nunca les pregunto ni preguntaré cómo me queda algo porque lo más probable es que mientan y me digan 'pintado, te queda pin-ta-do' sólo porque quieren cobrar su comisión. Obviamente yo me daré cuenta que mi trasero en esa falda parece un globo aerostático, pero ellas me endulzarán los oídos diciéndome que muchas matarían por tener unas pompis tan potentes. Men-ti-ra.

Distinto es que vayamos a una tienda a comprar gafas de sol o lectura. Las personas que atienden saben bien qué es lo que mejor nos quedará según la forma del rostro, el estilo personal y hasta el color de pelo. Me pasó con mis lentes de lectura Infinit y con mis gafas de sol Carla Di Sí. En ambos casos, el asesoramiento fue crucial. 

Algo parecido sucede con los perfumes. Si queremos cambiar el de toda la vida por uno nuevo, es necesario que nos ayuden. Al decirle a la chicaqueatiende cuáles son las notas que nos gustan (cítricas, dulces, amaderadas), ella nos guiará. De otra manera, saldríamos mareadas de la perfumería.  

Sí, estoy mirando. Es mejor que no te acerques. 



¿Recuerdan la escena de Mujer Bonita en la que Julia Roberts le echa en cara a la chicaqueatiende que no la había querido ayudar cuando estaba vestida de prostituta? 
Big mistake, bitch.




lunes, 22 de julio de 2013

La prematura muerte de las tendencias

"Siempre me he presentado como una enemiga de la moda. Los fugitivos caprichos de temporada son un elemento superficial, inestable, que choca con mis sentido de la belleza", sentenció en 1937 la diseñadora Madeleine Vionnet, conocida por sus vestidos de noche ligeros y simples, siempre haciendo uso del corte al bies.

Según el escritor François Baudot, sus diseños atemporales la convierten en la diseñadora de moda más respetada. Pero no me quiero detener en esto, sino en la inevitable fugacidad de las tendencias. Gracias a ellas, el mercado de la moda es uno de los más redituables, y es precisamente su corta vida la que logra este fenómeno. 

Un interesante artículo del diario español El País analiza el nacimiento y la prematura muerte de las tendencias. Allí se explica que una tendencia nace cuando un trendsetter la usa, luego por el fenómeno de imitación social - como bien especifica Frédéric Godart en su libro Sociología de la Moda - esa tendencia baja al público, y una vez que llega a todos, paradójicamente, muere. 

"Las tendencias que tienen mucho éxito, mueren rápido. Los que quieran estar a la última, huirán de ellas porque si ya lo tiene todo el mundo, no es moderno", resume un diseñador español en el artículo. Esto, que parece bastante obvio, no lo es para todo el mundo. Si no pregúntenle a las chicas que aún usan sus remeras con cruces y calaveras.  

Con esto no quiero decir que estoy en contra de las tendencias. Si bien no me compré nada en color neón - simplemente porque no me parece lindo - ni caí en la trampa de la repetida estampa de cruces, la verdad es que me he comprado alguna que otra prenda 'de tendencia' que ahora ya no uso. Un sweater con un tigre, por ejemplo. Me gustan mucho los grandes felinos, me parecen animales muy estéticos, y por eso sucumbí ante la tentación. 

Pero luego de ver que todas, absolutamente todas tenían prendas con una estampa felina, lo dejé de usar inmediatamente. No fue algo pensado, salió naturalmente y con esto no quiero dar a entender que soy una visionaria. Nada de eso. 

Tiene más que ver con estar convencida de que la diferenciación lograda a través de la ropa es uno de los elementos por los cuales amo este mundo. Cada prenda esconde una oportunidad de ser distinta si es usada como nosotros queramos y no como dictan las tendencias.

No quiero verme igual a la de al lado, me aburre, siento que es esconderse, uniformarse. ¿O me van a decir que no están cansadas de ver al ejército de chicas que visten calzas/minifaldas, plataformas ortopédicas y pelo larguísimo (usualmente con las puntas desgastadas)? 

Un pañuelo en la cabeza. Un maquillaje sofisticado un día de semana. Gafas de sol divertidas. Un blazer antiguo con incrustaciones. Mi chaqueta de cuero con flecos. Un sombrero. Una blusa con grandes hombreras y perlas. Unos aros vintage, únicos.

Pequeñas decisiones que me identifican y a la vez, me separan del resto. No quiero ser única, quiero ser yo.



'Esa perra me robó el look' 




La tendencia del tigre probablemente nació de la mano de Kenzo






viernes, 19 de julio de 2013

Yo, mi otro yo y las demás

"Hay diferentes maneras de ser vos misma, ¿no?", reflexiona Betty Halbreich en un artículo del diario inglés The Telegraph. Tiene 85 años, es personal shopper (comenzó cuando nadie sabía que eran necesarias) y en su larga vida fue estilista de Meryl Streep, Sarah Jessica Parker, Joan Rivers y Esteé Lauder, entre muchas más.

Mastico esas palabras, me dan vuelta por unos minutos, y sí, estoy de acuerdo. ¿Podemos hablar de un único estilo personal? ¿O sería más apropiado hablar de los diferentes estilos que conviven y dan nacimiento a otro nuevo: más versátil, camaleónico, transformable? 

Como si fuésemos cubos mágicos en el que cada uno de los seis lados es una faceta diferente de nosotros mismos, los distintos estilos que coexisten nos permiten jugar hasta encontrar la combinación perfecta. Si cambian los cuadraditos de colores - así sean pocos -, todo cambia. 

Pienso en mi/s estilo/s y a grandes rasgos, reconozco tres: uno rockero-glam (mucho cuero, algunas tachas, flecos), otro más elegante y femenino (blazers, trench, camisas blancas, botas con taco, boca roja, mucho negro, accesorios dorados) y uno urbano (ropa cómoda, jeans, borcegos). Tres Lucías en un sólo cuerpo: un estilo que combina con cada ocasión, con cada estado anímico, con cada tarea laboral de esa jornada. 

"Muy poca gente encuentra su propio estilo, y si lo han hecho, ya están cansados de él", agrega Betty. ¿Alguien se arriesgaría a firmar un contrato de exclusividad con un solo estilo? El actual no es el mismo de nuestra adolescencia, ni lo será comparado al que tendremos a los 50. Cambia el cuerpo, las actividades diarias, y con ellos, la ropa que nos acompaña. 

No sé cómo me veré a los 50, lo que sí espero (y deseo) es que aún conserve las ganas de jugar a ser otras Lucías. 



martes, 16 de julio de 2013

Superpoderosa

'Hoy nada va a poder conmigo', leo en una viñeta de la ilustradora Agustina Guerrero. Ella, además de ser muy talentosa y de saber comunicar la neurosis femenina como nadie, es mi prima. Desde el comienzo sigo sus pasos con La Volátil, su alter ego, y la extraño a la distancia, porque hace ya una década se mudó a España. Es también la autora del dibujo de Quintaesencia, ella también me sigue desde el principio. 

La viñeta me inspiró rápidamente. Me puse a pensar en esas prendas o accesorios que logran hacernos sentir superpoderosas, lindas, invencibles. Son las que más usamos, y probablemente, las más gastadas. Las elegimos cuando sabemos que el día nos regala oportunidades que no hay que dejar pasar: una reunión de trabajo, una salida con un pibe que promete, o simplemente para nosotras mismas, por el afán de hacer de esa jornada algo especial. 

En mi caso, son varias las prendas o detalles que me hacen sentir fuerte, como si pudiera vencer cualquier obstáculo. Un blazer negro con hombreras grandes. Un labial rojo, rimmel y un poco de rubor. Unas botas texanas compradas en San Telmo. Unos aros blancos y negros. Un pañuelo multicolor que uso en la cabeza. Mis nuevas gafas de sol de Carla Di Sí. Mi reloj Casio que llevo a todos lados. La chaqueta de cuero con flecos. 

Siempre destaco que para que las compras sean exitosas - ahora que todas las tiendas nos bombardean con liquidaciones invernales - hay tres cosas importantes a tener en cuenta: 1- que la prenda se pueda usar la próxima temporada, 2- que se adapte a nuestro estilo de vida, 3- que nos haga sentir más lindas. 

Personalmente, creo que el último punto es el más importante. Tal vez la prenda que mejor te hace sentir sea una remera blanca de algodón porque destaca tu cuello o tus lolas. Nada tiene que ver la sencillez de la prenda, siempre y cuando logren esa sensación de omnipotencia. 

Es innegable que la ropa que usamos modifica nuestro estado de ánimo. Cuando nos vemos lindas, nos sentimos mejor. Es una regla matemática: no falla. Si no me creen, hagan la prueba: pónganse lo mejor de su placard y salgan a caminar. Seguramente lo hagan con más actitud, con la pisada más fuerte, con la cabeza en alto. 

La sonrisa se escapa fácilmente cuando nos sentimos bellas, y eso es un arma de seducción masiva. 









 



 

sábado, 13 de julio de 2013

Segundo estreno

Tengo prendas en mi placard que aún conservan las etiquetas. Soy una consumidora ávida de ropa, lo reconozco, no me genera vergüenza ni mucho menos. Quizá sí un poco de culpa, más que nada por el dinero que no ahorro. ¿La culpa vendrá de mi lado judío no asumido o de la certeza que no tener un auto propio es porque no dejo de gastar en ropa?

No sólo disfruto de comprar ropa nueva, sino que hace unos años descubrí las ferias y también allí encuentro prendas fabulosas a las que no les puedo decir que no. Comprar ropa y accesorios - sean con etiqueta o con un leve aroma a naftalina - es mi hobby, al igual que oler las hojas de libros y revistas. Y escuchar jazz. Y jugar con mi sobrina Margarita. 

Cuando me compro estas prendas pienso en escenarios y contextos ideales para usarlas. Me digo, por ejemplo: 'Este vestido negro que me saca tres kilos sería ideal para ir al Teatro Colón con mi novio', 'Esta blusa vintage bordada en perlas es la prenda para deslumbrar a mi jefe en una cena de negocios'. 

Escenarios que nunca suceden: es tan improbable que mi novio acepte ir a ver ballet al Teatro Colón como que la empresa en la que trabajo gaste dinero en una cena sofisticada. Pero igual, por las dudas que el destino me sorprenda, las compro. No vaya a ser cosa que en un rapto de romanticismo mi chico decida ir a ver El Cascanueces y yo no tenga nada que ponerme. 

Ahora que lo escribo y me leo, me doy cuenta que probablemente sea porque el contexto no me lo permite que dejo relegadas en el placard a estas prendas que en mi cabeza eran infaltables. Es como si tuviese miedo de quedar desubicada. Lo pienso y me da bronca, me tengo que poner lo que quiera cuando quiera y como quiera. 

Hace unos meses mi madre me mostró algo que yo ni sabía que tenía: un tapado de piel. Me sorprendió porque ella no es coqueta. Ese fue su regalo de 15 de parte de mis abuelos. 'Usalo con cuidado, por favor. Es un recuerdo muy importante para mí', me suplicó. Si bien no me convence que sea de piel, la realidad es que ya no se puede hacer nada al respecto. Digo, el tapado existe, el daño ya está hecho. Sin embargo, la culpa aparece, otra vez. 

Me lo traje de Chacabuco pensando lo divina que me iba a ver en él... y tardé cuatro meses en usarlo. Fue ayer a la noche, que fui al teatro. Aclaro que era un teatro de mala muerte, la sala era diminuta y estábamos sentados en unos cubos incomodísimos. Pero quería usarlo. Ya no me importó evaluar si la situación lo ameritaba o no. Las ganas de sentirlo pesaron más. 

Y así fue que el tapado de piel de mi madre volvió a la vida.   



miércoles, 10 de julio de 2013

Dos veces no me engañan

Me atrevo a afirmar que todas tenemos prendas que nos hacen sentir incómodas. Zapatos con tacos tan altos que nos hacen caminar como una vedette principiante, jeans tan ajustados que corremos el riesgo de que nos vendan en una pollería como matambre, vestidos que no osaríamos usar sin fajas asfixiantes debajo.

En mi caso, si bien trato de usar ropa que me resulte cómoda, sigo usando algunas que me hacen putear a las dos horas de habérmelas puesto. Por ejemplo, una calza color mostaza con apliques de cuero. Es divina, sí, pero el elástico de la cintura me queda tan apretado que cuando me la saco, la marca roja tarda varios minutos en borrarse. 

Ni hablar de los hermosos zapatos estilo retro que me compré en Blaqué y que sólo usé una vez. Las suelas están nuevitas, como las de las zapatillas de los bebés de un año. Esa vez, salí de casa sintiéndome Giselle Bundchen y volví con la sensación de que Lía Crucet se había apoderado de mi cuerpo. Por suerte no me salieron caros, al menos eso. Ojo, no es la culpa de los zapatos, sino mía por pensar que mágicamente los podría lucir sin sufrir. 

¿Por qué hacemos esto? No tengo la respuesta, pero me tiro a la pileta y digo que quizá es porque creemos que si estamos ajustadas o más altas, seremos más lindas. Ya hablé en un post anterior sobre la comodidad, y hoy retomo el tema. Es, para mí, la función que cualquier prenda debe cumplir para que quiera usarla. ¿Serán los años?

Cuando era adolescente no me importaba enfrentar las gélidas noches de Chacabuco (ciudad rodeada de vastos campos, para las que no saben, el frío te penetra los huesos) con minifaldas, sin medias y tacos vertiginosos. Era chica, y lo único que me importaba era parecer más flaca, más alta, sin tener en cuenta las consecuencias - resfríos, dolor agudo en las plantas de los pies -. Ahora veo a chicas que hacen lo mismo y las tildo de locas. 

Si algo bueno tiene el paso del tiempo, es que priorizamos las cosas verdaderamente importantes. Por ejemplo, abrigarnos cuando salimos en invierno. Suena lógico y básico, pero no lo es. Si no me creen, la próxima vez que salgan a bolichear miren a su alrededor y cuenten cuántas chicas están realmente abrigadas. Los dedos de una mano les sobrarán.

Sigo con la idea de verme lo más linda posible, pero si para lograrlo debo aguantarme tener una dureza más en mis pies o sentir que no puedo moverme en un jean, no gracias, paso. Elijo verme lo mejor posible sin tener que sufrir. Nunca creí en eso de que la moda incomoda. 

Bueno, quizá de chica, pero no me engañan otra vez. 

Menos mal que no viví para sufrir el corset


domingo, 7 de julio de 2013

Primer amor

Hay accesorios y prendas que deben ser bien elegidas. Su elección y posterior compra son actos que deberían estar pensados, idealmente teniendo en cuenta las miles de funciones que cumplirán. A menos que seas millonaria y tengas la posibilidad de despilfarrar, entenderás lo que digo. Estoy hablando de los lentes de lectura (igualmente importante las gafas de sol), de la cartera perfecta, del zapato diario y, principalmente, del reloj pulsera.

Nunca fui una fanática de ellos, pero a medida que una crece y con este cambio llegan más responsabilidades laborales, el reloj se transforma en algo necesario. Si bien soy preguntona, no me da ir por la calle interrumpiendo a las personas para que me informen si estoy llegando tarde o no. Y no me hablen de mirar la hora en el celular, no. 

Al ser un accesorio todoterreno, no es recomendable elegir los relojes de tendencia. El año pasado hubo una superpoblación de los relojes Swatch. Los vendedores ambulantes de Once vendían sus copias con el mismo éxito que lo hacían las joyerías oficiales. Venían en varios colores, pero el que más eligieron las argentinas fue el dorado. 

Como todo lo que se duplica en poco tiempo, estos relojes cansaron. Destaco su estilo masculino, una característica que realza la feminidad, aunque se lea como una contradicción. Tengo un reloj masculino, pero es bien de hombre, no una versión adaptada. Cuando lo usaba me hacía sentir poderosa. Pero no le fui fiel, algo no funcionaba entre nosotros. 

Los verdaderos amores nos encuentran, y eso me sucedió con mi actual reloj. Era un fin de semana de invierno en Chacabuco (ciudad en la que nací y crecí) y acompañé a mi padre a una joyería. En la vitrina, escondido, lo vi. Estaba solo, era el único de su especie. Era un Casio dorado, pequeño, delicado y con un marcado estilo retro. Me encontró y no hubo vuelta atrás: sólo me lo saco para bañarme. 

Está gastado, el dorado poco a poco se esfuma. En algún momento tendré que hacer el duelo. Como todo primer amor, sé que los que vengan serán comparados con él. 


jueves, 4 de julio de 2013

Charlas con Karl Lagerfeld

Creo fuertemente en los mentores, esas personas que ya han recorrido un largo camino y que nos guían hacia el lugar donde queremos llegar. La sabiduría que otorga la experiencia es invaluable y que exista la posibilidad de que lo quieran compartir con nosotros, es emocionante.

En mi caso, esa persona - mi mentor - es Javier Arroyuelo, escritor argentino que trabaja en distintos medios internacionales, entre ellos, Vogue Italia, Vogue Paris, Vanity Fair. Es, en mi humilde opinión, quien más sabe de moda en este país. Sus clases son un viaje histórico, artístico y estético y su exigencia profesional logra que el esfuerzo por ser cada vez mejor sea una obligación moral.

Javier conoció a todo el mundo, literalmente. Andy Warhol, Paloma Picasso, Yves Saint Laurent y el mismísimo Karl Lagerfeld han compartido con él cenas, salidas y charlas. A veces, en el medio de la clase, se transporta y nos cuenta alguna conversación memorable que tuvo con estas personalidades. Al pasar, sin ningún otro propósito que compartir ideas interesantes, Javier nos invita a formar parte de ese mundo inalcanzable.

"Los clásicos, para seguir siéndolo, deben ser actualizados en permanencia", le dijo alguna vez Karl Lagerfeld en una charla. Lo anoto rápido en mi cuaderno, no quiero olvidarme de nada de lo que Javier comparte. Y él, a modo de reflexión, agrega: "Lo verdaderamente moderno deviene clásico". Una reflexión que me podría haber llevado largos meses (¿años?), Javier lo resume en cinco palabras. La ventaja de la experiencia, me digo. 

Instantáneamente me pongo a pensar en el vestidito negro (LBD), en la chaqueta y falda que Chanel popularizó, en los jeans. Todas prendas clásicas, inmortales, que siguen vigentes gracias a las nuevas versiones que los diseñadores presentan. 

Basta con mirar la colección Haute Couture de Chanel para comprobar que lo que Lagerfeld afirma, es cierto. Allí se vio el clásico tailleur reversionado, un conjunto moderno que cualquier mujer actual podría usar. Dior, con la dirección de Raf Simons, también presentó una nueva versión del New Look. Las grandes marcas saben cuáles son sus caballitos de batalla. 

Soy una fanática de los clásicos. Las tendencias nacen y mueren, no existe otra salida. Algunas antes, otras languidecen más lentamente. Pero eventualmente, desaparecen. Los clásicos, en cambio, son como esos amigos que no ves por mucho tiempo, pero que cuando lo hacés, siguen haciéndote sentir como en casa. 

Lagerfeld reversiona el clásico tailleur de Chanel


lunes, 1 de julio de 2013

Despedida trunca

Desde el principio, este blog pretende ser un lugar de reflexión. Un espacio propio para que ustedes lean lo que pienso y a partir de eso, puedan concordar o no, puedan apropiarse del texto y hacer con él lo que les plazca. Lo importante, desde siempre, es que los posts tengan un propósito. Para todo lo demás están los otros blogs.

Explico esto para que entiendan el por qué de los baches en la escritura. No siempre tengo algo interesante que decir, por eso prefiero el silencio, que en este caso sería la hoja en blanco. Ya conocen el dicho, 'es mejor quedarse callado y que piensen que sos un tonto, a abrir la boca y que se confirme'. 

En eso pensaba hoy mientras estaba en la redacción del diario en el que escribo sobre moda. Estaba sentada en mi silla cuando me di cuenta que mi jean preferido, ese que a pesar de los años y de los pocos billetes que invertí en él, se está rompiendo. Suavemente, de a poco, como si no quisiera que me dé cuenta, el jean que me salva tanto para ir a trabajar como para salir, se está despidiendo.

Con toda seguridad puedo decir que el jean (el que queda impecable, todas tenemos uno) es la prenda más difícil de encontrar. Esto no sucede con ningún otro ítem del guardarropa, pero el jean, para que sea perfecto, debe cumplir varios requisitos: tiene que quedar bien de cola (lo más complicado, al menos en mi caso), las piernas deben verse estilizadas, la cintura no debe bailar y el color tiene que enamorarnos. Mi jean, el agónico, los cumple todos. 

Frente a la inminente muerte de mi jean de cabecera, tengo que salir en busca de uno nuevo. Tengo varios pantalones en mi placard, demasiados quizás, pero siempre recurro a él cuando la duda ataca. Es como el vestidito negro, como la chaqueta de cuero, como el blazer en media estación: salvador, comodín, todoterreno.  

Me adelanto a la experiencia de compra y sufro. Sé que las piernas se verán bien en algún jean que me pruebe, pero la cintura me quedará grande. Sé que el jean del color perfecto me achatará el enorme trasero que la herencia materna me dio. Ningún jean me quedará como el moribundo. 

Y a pesar de todo, también sé que vendrá otro que lo reemplazará. Eventualmente, encontraré el jean que mejore mis atributos. Mientras tanto, le preguntaré a mi madre costurera si puede enmendar la rotura. Debo reconocer que las despedidas nunca me gustaron. 

Marilyn hace pesas vistiendo jeans


lunes, 24 de junio de 2013

Sobre la elegancia

"La elegancia es eliminación", reflexionó en algún momento de su vida el diseñador español Cristóbal Balenciaga. Pocas veces me pasa que concuerdo con un pensamiento ajeno, siempre le encuentro puntos débiles a las conclusiones que no son mías, pero este no fue el caso con Balenciaga.

La elegancia es eliminación, sí. Eliminación de lo que sobra, de lo que es demasiado, de lo que no será extrañado si no está. Aquello que está de más siempre estorba, molesta. En estos tiempos en los que llamar la atención parece ser la premisa, no es extraño que la elegancia sea difícil de encontrar. 

Buscando en la base de datos más extensa que existe, la web, encontré que la palabra elegancia proviene del latín 'legere', que significa reunir. Al agregarle el prefijo, la palabra se transforma en 'elegere', cuyo sentido es saber elegir. Asi que la persona elegante es aquella que sabe elegir. Nada menos. 

Ser elegante no se limita a estar bien vestido, sino que su significado encierra un conjunto de características: la elegancia se demuestra en el modo de hablar, de expresarse, de moverse, de comportarse. Claro que si uno quisiera actuar esta cualidad, el resultado no será el esperado.

Hay algo de verdad en eso de que la elegancia es innata, creo que era Diana Vreeland quien decía algo al respecto. Otra vez me encuentro asintiendo frente a una frase ajena. Bueno, al menos concuerdo con Vreeland y no con un cuatro de copas. Me voy de tema, perdón, vuelvo. 

A lo largo de la historia del cine, varias mujeres encarnaron a la perfección el término elegancia. Las clásicas: Audrey Hepburn, Marlene Dietrich, Grace Kelly. Y las de ahora, desde mi punto de vista: Cate Blanchett, Natalie Portman, Emma Stone. Lamentablemente, no se me vienen nombres nacionales a la mente. Quizá Karina Rabolini, Dolores Fonzi o Teresa Calandra. Pero no estoy del todo convencida. 

Ellas, las mujeres elegantes, son mujeres que demuestran un 'saber estar' no forzado, saben elegir, entienden el poder que tiene la síntesis. La elegancia no tiene que ver con la belleza, para nada. Es algo que está relacionado con un modo de vivir, de ser, pero nunca un rostro anatómicamente perfecto significará que esa mujer es elegante. 

Está claro que las recetas no existen, pero si así fuera, sería algo parecido a lo siguiente: no a los accesorios innecesarios, no a los peinados exagerados, no al maquillaje pesado y un gran no a ponerse todas las tendencias juntas. 

Volvamos a los clásicos: el vestido negro, las perlas, el labial rojo. Como dice mi viejo: "Nunca una mujer estará mejor vestida que con una camisa blanca y un buen jean". Y sí, una vez más, estoy de acuerdo con una frase ajena. 

Foto de Lillian Bassman



 

martes, 18 de junio de 2013

El amor inspira a Karl Lagerfeld

Chanel sabe hacer bolsos icónicos. Lo logró con el 2.55, popularizado por la misma Gabrielle 'Coco' Chanel. Ahora, la casa francesa lanzó el nuevo bolso Boy, inspirado en Arthur Boy Capel, el jugador de polo que supo ser el amor más grande de Mademoiselle Chanel.

El bolso Boy fue diseñado por Karl Lagerfeld, y es indudable que la historia de amor que existe detrás del diseño de este nuevo producto aumenta el deseo de tenerlo. ¿A qué chica no le gusta el romance? Me atrevo a decir que a todas. 

La historia de amor entre Capel y Chanel era atípica para la época: él la respetaba y la dejaba ser libre. Amaba que ella fuera distinta a todas, que se vistiera diferente, que quisiera ser alguien en la vida por sus propios medios. Eso fue lo que lo enamoró.

Además, fue él quien financió el primer proyecto de Chanel, él le prestó el dinero para que comenzara a diseñar. Una vez que juntó toda la plata, Gabrielle le devolvió hasta el último centavo. No quería que nadie le regalara nada. 

Lamentablemente, la historia de amor no tuvo un final de cuentos, y precisamente por eso el romanticismo aumenta. Sorpresivamente, Boy Capel murió en un accidente de autos. Coco sabía que nunca más amaría de esa manera. Personalmente, creo que las historias de amor que por algún motivo no funcionan, son las más recordadas. El rasgo de fatalidad es lo que encandila. Por algo el de Romeo y Julieta es uno de los amores más emblemáticos.   

Probablemente, nunca tenga un bolso Chanel. Si tuviese el dinero para poder comprarme uno, lo invertiría en viajar. Pero saber que fue una historia de amor la que inspiró este bolso, me obligó a que hoy escribiera sobre él. 

Arthur Boy Capel y Gabrielle Chanel 



El bolso Boy, inspirado por el gran amor de Gabrielle.






viernes, 14 de junio de 2013

Pueden llamarme romántica

Leo en el sitio de la BBC que en varias tiendas de Estados Unidos y distintos países de Europa ya se ven probadores virtuales. Los llaman los 'probadores del futuro' y prometen que gracias a ellos, encontraremos la 'ropa ideal'.

Se trata de artefactos que escanean las medidas de nuestros cuerpos. Este 'alter-ego' virtual se sube a la web y estará siempre disponible para cuando lo necesitemos. Como cuando queremos comprar ropa por internet o, como dice el artículo, cuando queremos evitar probarnos las miles de prendas disponibles en una tienda.

Como en muchas otros casos, pienso que el avance de la tecnología a veces no ofrece mejores versiones de lo ya conocido. Me pasa con los e-books: desde que se lanzaron al mercado que sostengo que nunca funcionarán. ¿Qué lector de raza cambiaría un libro de papel -su olor, las ilustraciones, la textura del papel, sus tapas duras- por una artefacto delgado y con pantalla digital? No sé, quizá sea una romántica, o quizá simplemente me gusten las cosas hechas a la antigua.

A mi parecer, este 'probador del futuro' correrá la misma suerte que el e-book. Si bien debo reconocer que es útil para aquellas personas que gustan de comprar online (yo no soy una de ellas), la verdad es que si te gusta comprar ropa, te gusta probártela también. 

No basta con saber cuál es tu talle o el color que mejor te sienta. El acto de salir de compras es un todo que se debe disfrutar como en los viejos tiempos: sabiendo tu presupuesto, con horas libres, un día fresco, cabeza fría y con ganas de probarse las prendas que en nuestra cabeza se ven maravillosas. Al menos es lo que intento hacer.

Cuando entro a un probador, me desvisto rápido, ansiosa por verme en las prendas que elegí. Una vez que tengo puesta mi potencial nueva ropa, me miro de todos lados, pienso en qué situación lo/la usaría, analizo su funcionalidad. Pero ninguna de estas cosas le gana a la sensación que me produce esa prenda. Si me hace sentir maravillosa o especial por algún motivo, no hay dudas: tiene que ser mía. Si el bolsillo me lo permite, claro está.

Pueden llamarme romántica, anticuada o analfabeta tecnológica, pero nunca cambiaré un libro por una pantalla y mucho menos me perderé de la maravillosa experiencia de probarme ropa. ¿Probador virtual? No, gracias. 






miércoles, 12 de junio de 2013

Entrevista a Sylvie Geronimi, una artesana del zapato

El martes de la semana pasada, la boutique de Sylvie Geronimi (Guido 1555) cumplió cinco años y allí estuve para ver de cerca las creaciones de esta diseñadora que habla con un acento adorablemente extraño. Las chicas de la tienda fueron muy amables y atentas, y a pesar de su insistencia, fue imposible comer las cupcakes con forma de zapatito. Eran demasiado lindas para que desaparezcan en mi boca.

No exagero si digo que los diseños de Sylvie son de los más bellos que he visto. Además de no parecerse a nada de lo que muestran las vidrieras nacionales, se nota que a Sylvie le importa la calidad de los materiales y la comodidad. Hace apenas 12 pares de cada modelo, y también diseña a pedido. "Esta es mi primera boutique, antes trabajaba en mi taller o hacía los zapatos a medida. Me siento muy feliz por los cinco años de la boutique porque poco a poco me fui asentando", me dice Sylvie al grabador. Agrega que el festejo es doble, ya que en junio su hijita cumple su primer año. 

Sus zapatos aparecen en las publicaciones más prestigiosas: Harper's Bazaar, 90+10 y Susana. "Siempre intento que el zapato sea cómodo. Obviamente que a veces hay zapatos con un tacazo que no son tan cómodos. Pero cuando aconsejo a mujeres que van a fiestas les digo que hay zapatos que van a poder soportar toda la noche o parte de la noche", explica Sylvie y deja ver que su asesoramiento es bien personalizado. 

"Yo estudié una carrera de Alta Costura. Mi padre era diplomático, trabajó mucho con la Alta Costura francesa. Cuando quise comenzar a estudiar, yo no sabía si quería estudiar diseño relacionado con sombreros, zapatos o carteras. Pero mi padre empezó a averiguar con gente del mundo de la Alta Costura y ellos le dijeron que lo mejor era que estudiara Alta Costura tradicional y que después decidiera qué seguir. Enseguida que terminé la carrera, me enganché con los zapatos", recuerda.

¿Qué mágica atracción tendrán los zapatos? "Los zapatos son objetos especiales. A mí me gustan mucho porque los relaciono con el teatro. Creo que son muy importante porque tienen que ver con cuando el hombre se alza y camina. En la antigüedad, el zapato diferenciaba al pobre del rico, al amo del esclavo. Luego cuando empezás a estudiar descubrís historias como la de los egipcios, que tenían el dibujo del enemigo en la suela del zapato de madera para aplastarlo al caminar. Hay muchas historias ligadas al zapato", explica Sylvie.

"Le recomendaría a las mujeres que cuando tienen una situación muy importante en sus vidas, no dejen al zapato para el último momento. El error es tomar al zapato como accesorio. Para encontrar el zapato ideal hay que decidir con tiempo. Otro consejo importante es que se asesore bien con respecto a la altura del taco y cuánto tiempo quiere estar parada. El zapato con un cambre medio y hecho de buen cuero es más cómodo que uno hecho con un cuero duro, mal hecho", dice Sylvie y en eso se acerca la diseñadora de Alta Costura Silvie Burstin,  que agrega: "El zapato es tan importante como la elección de vestido. No es como antes que el zapato era sólo el accesorio, hoy es tan importante como lo que te pongas". 

Me probé el modelo Slave China, muy femeninos y cómodos. 



Este fue mi modelo preferido. No pude sacarle los ojos de encima.




lunes, 10 de junio de 2013

La comodidad está de moda

Otra de las frases que se popularizó en el mundillo de la moda es la tan famosa 'la moda incomoda'. De esta afirmación se desprende la idea de que para estar vestida con las últimas tendencias, una mujer debe aguantarse el dolor que provocan los zapatos de taco alto, los jeans demasiado apretados o los accesorios pesados.

Qué tontería. Nadie en sus cabales sacrificaría comodidad por belleza. Al menos, es mi premisa. Estoy convencida que la cara de dolor de una mujer que vista los stilettos más perfectos del mundo, arruina todo el look. Por eso, todas las mañanas, me paro frente a mi guardarropas - bastante desordenado, debo admitir -,  y combino cualquier elección de ropa con las botas de Viamo que me compré hace dos meses. Son de cuero y gamuza negra, y la mayor ventaja es que su taco es ancho, no tan alto y de goma: súper cómodo. 

Me gusta verme bien - ¿a quién no? -, pero la comodidad le gana a cualquier otro aspecto. Tengo varios pares de zapatos guardados que nunca han visto la luz porque sabía que mi aura de chica buena se transformaría en dos segundos en la Britney de las peores épocas - la que estaba rapada y peleaba con un paraguas en la mano -. La incomodidad me pone de muy mal humor, tanto como el hambre o el sueño acumulado.

Se verán bien, pero los tacos y las prendas muy ajustadas pueden causar problemas de salud graves. Por un lado, los tacos altos deforman los pies (si no, pregúntenle a Sarah Jessica Parker, cuyo doctor le dijo que el uso desmedido de tacos le había creado un nuevo hueso en el pie), y por el otro, las prendas muy ajustadas afectan la respiración al oprimir el diafragma, presionan el estómago y pueden provocar tensión muscular generalizada.

Aún sabiendo estos riesgos, miles de mujeres en el mundo se calzan los stilettos y salen a comerse el mundo todos los días. El diario El País cita una encuesta hecha por la web My Voucher Codes que revela que el 72% de las mujeres han sufrido una dolencia debida a la moda o al cosmética. Hasta hay mujeres adictas al uso de tacos que se amputan el dedo meñique para poder calzarse sus stilettos preferidos. Sí, como acabás de leer. 

Pero cuidado, porque el abuso de las ballerinas también puede provocar lesiones en el tobillo o incluso, fascitis plantar. "Son muy cómodas, si, pero muchos modelos no protegen el arco del pie y la suela no es lo suficientemente acolchada. Esto provoca sobrecarga en el tobillo y la zona lumbar", especifica el diario. 

La conclusión a la que se llega es que es mejor priorizar la comodidad antes que cualquier otro aspecto. Nada peor que ver a una mujer en una fiesta con sus divinos zapatos y que a la hora del dancing, se los saque para pasarla bien. Quizás esos stilettos que te miran a través del vidrio de una tienda sean los más lindos del universo, pero nada te hace ver más bella que una sonrisa. Y si estás cómoda, vas a sonreír. 





Mis botas de Viamo: cómodas, cancheras y todoterreno. Ah, y a buen precio. 





sábado, 8 de junio de 2013

¡Viva el Eleven!

Dicen por ahí que el hombre es un animal de costumbre, y creo que yo soy un ejemplo a señalar. Cuando era chica, mis padres no nadaban en dinero como para comprarme ropa 'de marca' y me enseñaron a valorar las prendas por su funcionalidad y belleza y no por la etiqueta que llevaran. Es una lección que aprendí muy bien, porque si hay algo que me tiene sin cuidado, es la marca de la camisa o el jean que llevo puestos mientras escribo este post.

Con el paso del tiempo, y con el comienzo de mi carrera profesional, tuve la oportunidad de elegir mi propia ropa. Cuando el dinero es propio, los gastos cobran una dimensión que antes no tenían: una es responsable de saber elegir y de seleccionar en qué vale la pena invertir. El ojo se me fue perfeccionando, y hoy soy capaz de encontrar joyitas en cualquier lado. Personalmente creo que lo más divertido es entrar a una tienda que no promete y saber que con paciencia y buen ojo siempre habrá prendas accesibles y bellas. Es todo un desafío. 

Por eso y porque no me gusta gastar sumas exgeradas en prendas que sé que no lo valen, es que me encanta ir de compras al barrio de Once (o el 'eleven', un término cariñoso). Usualmente hago el mismo recorrido - la costumbre otra vez -: camino por Córdoba hasta Paso, y desde allí bajo hasta Corrientes. Es un camino bastante corto y las tiendas que más me gustan están en este circuito. Recomiendo ir un día de semana porque muchos locales no abren los sábados. Porque soy una convencida de que las buenas cosas se comparten, hoy les quiero mostrar cuáles son estos locales y qué pueden encontrar allí. 

- Cuenta Conmigo Accesorios: La sorpresa más grata. Aquí encontré prendedores militares a 30 pesos cada uno. Son ideales para tunear un tapado de paño negro, una chaqueta de cuero o una camisa de jean. En Palermo estuve tentada de comprar uno a 90 pesos, pero mi intuición me dijo que me estaban viendo la cara. Hoy me compré dos. También hay varios modelos de collares (con pinches, calaveras, bien cargados) y algunos aros son originales. Avenida Corrientes 2570, Galería del Siglo, local 18. 

- Tramps: No suelo comprarme mucha ropa aquí, pero hoy entré y vi un abrigo corto de print militar gastado que se veía muy canchero. Un ítem fundamental de esta temporada. Salía 400 pesos, un precio accesible si se lo compara con los de algunas marcas de primera. También había blazers con detalles en cuerina, pero la confección no me pareció la mejor. Avenida Corrientes 2550.

- Hanna & Brothers: Lo que más me gustó de esta tienda es que por 12 prendas surtidas, te hacen precio al por mayor. Una buena idea es ir con una amiga y aprovechar el descuento, que es considerable. La atención es muy buena. Me encantaron las camisas. Paso 562.

- Materia: En este local conviven prendas de segunda y de primera. Hay que tener cuidado con las fallas y ver si tienen arreglo. Aquí vi un saco de estampa escocesa, con detalles en azul marino y capucha a 450 pesos. Además, hay jeans clásicos desde 199 y jeans de colores desde 207. Lástima que el corte de esta marca no me favorezca (me quedan bien de piernas y grande de cintura). Avenida Corrientes y Paso.

- Ag Store: No sé si me quedo corta al decir que el 40 % de mi guardarropas fue comprado aquí. En el local de Once se encuentran desde calzas con recortes de cuero hasta camisas blancas clásicas y blazers de diferentes estilos y grosores. La atención es excelente y los precios, de no creer. Paso 544.


Uno de los prendedores que le ponen onda a mi clásico tapado negro. Me compré dos por 60 pesos.



El Eleven es bastante caótico. Mi consejo es que lleves música relajante para no inquietarte. 

                 







viernes, 7 de junio de 2013

Lo que todos esperábamos de SJP

¡Levante la mano a quien no le gusta Sarah Jessica Parker! Si estás leyendo este blog, es porque algo de la moda te fascina, y si hay una mujer que encarna todo lo que una amante de la moda quiere ser, es ella. Si bien nadie conoce su vida personal - si tiene mal aliento cuando se levanta o si duerme con un remerón gastado de su marido - SJP logró ser uno de los emblemas más fuertes.

Claro que este mote lo alcanzó a través de la serie Sex and the City, protagonizada por Carrie Bradshaw, una mujer cuya vida es, para decirlo de alguna manera, perfecta. Hasta sus desencantos amorosos tienen algo bello, como si esa fuese la manera correcta de sufrir. Ni hablemos de su guardarropas, de su trabajo - vive sólo a expensas de una columna semanal en The New York Star y de la publicación de sus libros -, de sus salidas - siempre divertidas sin perder lo chic - y de los religiosos encuentros con sus tres mejores amigas. Nada de esto sucede en la vida real de nadie. Maldita Carrie. 

A lo largo de la serie, Carrie desarrolla una devoción por los zapatos. Se ha dicho que gracias a la serie, el diseñador Manolo Blahnik ganó la reputación de la que aún hoy sigue gozando. Es por esto que todas alguna vez pensamos por qué SJP no lanzaba su carrera como diseñadora de este objeto fetiche. Hasta hoy. Según informa Vogue, la actriz lanzará una línea de zapatos en colaboración con el CEO de Manolo Blahnik, George Malkemus. "Creo que es lo que la gente esperaba de mí, sobre todo por Carrie Bradshaw", reconoce SJP en Vogue. 

Su objetivo es ofrecer una línea diferente a todas, tanto en precio como en diseño. "Estamos probando con combinaciones de colores que no son las usuales, hermosas combinaciones que las mujeres quisieran tener en su guardarropas", explica. "Y en cuanto a las carteras, estamos tratando de que sea como en los '70 y '80, cuando se trataba realmente sobre las carteras. Sacaremos todo lo extra que no sirve", agrega.

Para decirlo en otras palabras, la línea de SJP - que se llamará exactamente así, SJP - no se parece en nada a los diseños que casi la dejan en la calle en Sex an the City. Los escarpines y las chatas se podrán conseguir a partir de 200 dólares y las carteras se venderán a menos de 700 dólares. Todos los productos se fabricarán en New York y Europa. "Porque fui Carrie Bradshaw por mucho tiempo, aprendí bastante sobre zapatos", dice. Ya era hora de que capitalizara todo ese conocimiento. 

Foto de Vogue, 2011.



Todos los zapatos que Carrie alguna vez usó, están aquí. ¿Alguien tiene el teléfono de un boquetero?





jueves, 6 de junio de 2013

Ridículo o no: esa es la cuestión.

'Del ridículo no se vuelve', probablemente sea, junto a otras frases del estilo 'Aunque la mona se vista de seda, mona queda', una de las más usadas en el ámbito de la moda. Suele suceder que las frases repetidas hasta el hartazgo pierden su verdadero significado, como si cada vez que alguien las pronunciara, por arte de magia, su sentido se vuelve un poco menos tangible.

A raíz de esta frase tan popularmente conocida surge una pregunta: ¿quién dictamina qué es ridículo o no? ¿Habrá un jurado en algún lugar del planeta que señala a Kim Kardashian vestida como un sillón de abuelita en la Met Gala y la manda al infierno de los ridículos? No lo sé. Por lo pronto, lo que sí sé, es que la RAE (Real Academia Española) define que un objeto es ridículo cuando por su rareza o extravagancia puede mover a risa. Además, aprendí que un ridículo era una bolsa de red que las señoras adineradas del Siglo XVII usaban para llevar el pañuelo y 'otras menudencias' (no de pollo, espero). No tenían celular ni lápiz labial, pero la mujer desde que es mujer, necesita cargar algún tipo de bolso para llevar las cosas que considera indispensables. Esa costumbre no se perdió.

Para no irme de tema y correr el riesgo de que este post se trate de algo que no quise, retomo el asunto de la ridiculez. Luego de pensar por varios minutos con un pastoso jazz de fondo, llego a la conclusión de que es mejor arriesgarse a verse ridícula antes que pasar como una más. Nada más aburrido e impersonal que ser parte del montón, parte de un ejército de chicas de pelo largo, calzas de colores estridentes y zapatotes de plataforma entera. Ay, esos zapatos. Si formase parte de los jueces que dictaminan qué si y qué no, castigaría a todas las que se dejaron llevar por la marea de la tendencia sin darse cuenta que son lo más antiestético que existe. A nadie le quedan bien, a nadie.

Siento que hay algo de diversión en esa delgada línea que separa lo cool, lo arriesgado, de lo ridículo. Nadie recuerda a alguien que se ve y se comporta exactamente igual a los demás. Quienes entienden este punto, son los que mejor la pasan a la hora de vestirse a diario. ¿De qué lado estarás? Yo prefiero divertirme, siempre. Y correr el riesgo.

Un ridículo francés de 1855.



Lady Gaga se debe divertir muchísimo. Bien por ella.



Kim Kardashian en la Met Gala 2013.







Mis elegidos del Six O'clock Tea

Siempre es lindo conocer gente talentosa, sea cual sea su especialización. Son esas personas las que expanden nuestra creatividad, ya sea a través de palabras, colores o indumentaria. Algo así me pasó el jueves pasado en el Six O'clock Tea. Allí conocí las últimas colecciones de varios diseñadores argentinos que aún no conocía, entre ellas, Natacha Morales, mi preferida de la velada y Diego Vaz, subcampeón en mi lista de preferidos.

Con el violín de Elizabeth Ridolfi de fondo, el clima estaba propicio para ver una colección exquisita como la de Natacha Morales. Con una terminación impecable en los vestidos, la diseñadora presentó una colección coherente, unida por un trío de colores (azul, blanco, negro) y por los detalles calados de pétalos y hojas. Morales hace dos colecciones por año: una pret a porter y otra, la que vi el jueves pasado, de Alta Costura. Mi look preferido fue una capa blanca con detalles en negro que le daba el toque a un clásico vestido negro hasta las rodillas. Un look sofisticado con un marcado aire retro y fácil de usar. 

Por otro lado, Diego Vaz acaparó mi atención por la moldería que presentó y por las telas elegidas - sedas en todas variaciones - para crear sus vestidos. Todos sus diseños marcaban la cintura y destacaban la silueta femenina. Eligió colores intensos, como púrpuras y naranjas profundos. Una colección que a simple vista se podría definir como vintage, pero aún así, la mirada actual del diseñador la inunda de modernismo. Muero por ponerme el vestido naranja que verán debajo. En un escenario ideal, elegiría ese vestido para ir a cenar con mi chico, pero también me lo pondría sólo para mí. Probablemente, saldría a caminar en un día fresco con sol mientras Ella Fitzgerald me canta al oído.  

Natacha Morales



Mi look preferido de Diego Vaz



Todos los diseños de Diego Vaz


Detalle calado a mano de Natacha Morales


martes, 4 de junio de 2013

El ritual de tomar el té, ¿una tendencia entre las fashionistas?

El jueves pasado fui invitada a tomar el té, así como en la canción de la eterna María Elena Walsh. Se trataba del Six O'clock Tea, un evento a beneficio de la Asociación Juanito. El temita es que a mí no me gusta el té, nunca me gustó y no creo que me llegue a gustar en algún momento. Lo relaciono directamente con estar enferma, cuando mi madre me obligaba a tomar un té con miel (incluso peor) para que mi tos menguara.

De más está decir que el ritual de tomar el té era una excusa que le daba un aire muy sofisticado al desfile que se llevaría a cabo en La Rural. Una vez superado el clima de confusión de los oganizadores, la velada fue muy amena. La pasé muy bien, entre otras cosas, porque los diseñadores que se presentaron eran muy buenos - la estrella del día era el brasileño de nombre impronunciable: Alexandre Herchcovitch - y además porque estuve muy bien acompañada en la mesa.

'¿Le pongo agua para el té, señora?', me dijo el mozo. Le supliqué que no me agregara años llamándome de esa manera y luego de disculparse, sin que yo le dijera que sí, volcó agua hirviendo en mi taza. Me dije que quizás era una buena oportunidad para amigarme con el té, y lo probé. Sabía igual que siempre: insípido, demasiado ni fu ni fa para mi gusto. Probablemente ayudaba que la calidad de las hebras no fuese óptima. Verán, me gustan las bebidas con personalidad. Un café bien hecho con granos molidos - como lo hace mi mamá -, una caipirinha de autor, un mate con buena yerba.

Pero bueno, hasta que el mate se vuelva cool (no creo que compartir la saliva con otros alguna vez sea de buen gusto) y me inviten a ver un desfile mientras se hace 'una linda mateada', tendré que seguir diciendo que no al señor mozo que me agrega años. ¿Desde cuándo 'tomar el té' es un ritual que desnuda cierto estatus entre las chicas jóvenes? Sabía de las señoras de la alta sociedad, esas que tienen acceso a marcas y diseñadores inalcanzables. Ellas sí han sido fieles soldados del té. Pero, ¿desde cuándo ser amante de la moda conlleva ser admiradora del té? Conozco a varias colegas que entrarían en esta categoría. ¿Seré la única a la que no le gusta la falta de personalidad de esta infusión? 

Creo que se trata de una tendencia más, pasajera, finita. Quizás en cinco años, lo chic sea juntarse a ver un desfile tomando un mate cocido. Bueno, quizás no tanto, pero sí una chocolatada caliente. Aunque engorde demasiado. 

Foto de Six O'clock Tea. 


lunes, 3 de junio de 2013

Chicas de tapa

Anna Wintour fue la culpable. Desoyendo las críticas que vaticinaban un rotundo fracaso, ella fue la primera en incluir a una no-modelo en la tapa de Vogue US en 1985. Madonna fue la elegida para estar en la tapa de la edición especial de verano, a pesar de que los 'entendidos' trataban de convencer a Wintour de que no lo hiciera. 'Madonna no es Vogue', le decían para que desistiera. El resultado fue que la revista salió como Wintour la había imaginado y las ventas subieron un 40%. "Nunca sigo las investigaciones de mercado, al fin de cuentas, lo que interesa es mi intuición. Tenés que mantenerte fiel en lo que creés", opina Wintour en un video de CBS al recordar esa histórica tapa.

"¿Por qué histórica?", se preguntarán muchos. Ahora es común ver a no-modelos en las tapas de revistas de moda (actrices, cantantes, mujeres con cargos políticos o escritoras), pero antes de que Wintour se animara a seguir su instinto, las tapas eran territorio exclusivo de las modelos. Para comprobar este hecho sólo hace falta ver las ediciones nacionales de las revistas de moda: Ohlalá tiene a Marcela Klosterbooer, Elle, a Natalia Oreiro y el último número aniversario de Harper's Bazaar tuvo a Carla Peterson como protagonista. Allí, Peterson confiesa que antes de hacer las fotos, hizo mucho gym para verse como todos esperaban. 

Luego de comprobar que la corazonada de Anna Wintour funcionaba, todas las revistas la copiaron. ¿Cómo impactó esta ya establecida tendencia en las actrices? La actriz Busy Phillips tiene la respuesta: "Hace 13 años, las modelos estaban en las tapas y las actrices eran las que se mostraban dentro de la revista. Ahora las actrices están en la tapa y eso provoca una presión más fuerte por estar en forma", opina en el programa 'The conversation'. Sabemos que el mundo del entretenimiento presiona a las actrices a verse flacas y sin arrugas, cuando en realidad su papel principal no es verse lindas, sino ser buenas intérpretes. Es más, a veces la belleza puede ser un impedimento para que la carrera actoral despegue. 

El resultado, irónicamente, es que las lectoras luchan por verse como las actrices, cuando el motivo principal de incluirlas en las tapas de revistas puede haber sido el de mostrar diversidad. No estoy diciendo que Wintour pensó 'Oh, tratemos de que nuestras lectoras no se sientan tan mal consigo mismas y cambiemos de rumbo', claro que no, pero hay una gran diferencia entre mostrar como ideal de belleza a Cindy Crawford y Madonna. La cantante, por más tuneada que esté, es una mujer que no encandila por sus rasgos, sino que su atractivo se basa en su actitud y personalidad. A fin de cuentas, ¿no son estas dos cualidades las que hacen que una mujer sea inolvidable? Ya lo decía Diana Vreeland: 'No tenés que nacer linda para ser salvajemente atractiva'.






sábado, 1 de junio de 2013

Mujer colonizada

Las revistas de moda parecen sufrir de un estancamiento de ideas. El cambio es sumamente necesario, creo, para mejorar. Sin embargo, no muchos deben pensar como yo porque no veo publicaciones que presenten ideas revolucionarias o, al menos, novedosas.

Decir que no hay lugar para las mujeres 'normales' (o sea, que no pesen 50 kilos) ni para mujeres adultas es ya un lugar común. Pero sucede. Por eso me alegró tanto ver en la última edición de la revista argentina 90+10 a Maite, una mujer amante de colores de 69 años que fue retratada por los chicos de OnTheCorner. Ella rompe con el estereotipo de 'mujer de portada' y su irrupción es una bocanada de aire fresco en el mundo de la moda. Pero se que es pasajero.

El caso de 90+10 es, lamentablemente, la excepción. Mujeres como Maite - con líneas de expresión que evidencian haber vivido, cabello gris, cuerpo rollizo - parecen no encajar en el distinguido mundo de la moda. ¿De quién es la culpa: de los editores por perpetuar la idea de que una mujer exitosa debe ser flaca, alta, con tal color de pelo y ojos y usar tal ropa? ¿O de las/los lectores que aceptan el mensaje y siguen comprando la revista? Creo que hay responsabilidades de los dos lados. Si las ventas cayeran, inmediatamente se haría algo al respecto.

Hace unos días charlaba con una colega amiga, Celeste Nasimbera, y ella opinaba que las revistas de moda venden un modelo aspiracional, que desde siempre había sido así. Estoy de acuerdo con ella, ese es el camino que todas las revistas siguen: y precisamente por eso son todas iguales. También creo - estoy convencida - que existen otras maneras de hacer moda: tratando de incluir a la mayor cantidad de personas y haciendo sentir a la mujer bien consigo misma. ¿Ustedes se sienten identificadas con los 'modelos aspiracionales' que las revistas de moda presentan? Yo no, y eso que nunca tuve problemas para conseguir talles, no soy petisa, mi piel está bastante bien y mi pelo es dócil. 

¿Por qué no incluir en las producciones de moda a mujeres que no sean modelos (pero que sepan posar), mujeres con distintas alturas, tipo de pelo y color de piel? ¿Es la mujer rubia, alta, de tez clara y ojos celestes con la que las argentinas nos sentimos identificadas? No lo creo. Hasta que aparezca en el mercado una revista de estas características, me abstendré de comprar las que hoy existen. No me aportan nada nuevo, no me nutren en ningún sentido.